{"id":810,"date":"2026-09-21T13:29:43","date_gmt":"2026-09-21T13:29:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.miferro.es\/?p=810"},"modified":"2026-09-21T13:49:01","modified_gmt":"2026-09-21T13:49:01","slug":"todo-lo-que-queda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.miferro.es\/?p=810","title":{"rendered":"Todo lo que queda."},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera vez que la vio fue en una cafeter\u00eda, un martes por la tarde. No habr\u00eda sabido decir qu\u00e9 le llam\u00f3 la atenci\u00f3n, porque la mujer no era especialmente hermosa y, desde luego, no se parec\u00edan en nada. Ten\u00eda el cabello demasiado corto, los ojos oscuros y una manera nerviosa de mirar el tel\u00e9fono mientras esperaba que le sirvieran el caf\u00e9. Nada en su rostro pod\u00eda confundirse con el de ella y, sin embargo, cuando levant\u00f3 la mano para llamar al camarero, \u00e9l dej\u00f3 de respirar durante unos segundos.<br>Eran sus dedos, largos y delgados, con las u\u00f1as cortas y una ligera desviaci\u00f3n en el me\u00f1ique de la mano izquierda. Sara siempre hab\u00eda odiado aquel dedo porque dec\u00eda que parec\u00eda empe\u00f1ado en alejarse de los dem\u00e1s, como si quisiera escapar de la mano a la que pertenec\u00eda. \u00c9l, en cambio, adoraba aquella peque\u00f1a imperfecci\u00f3n y hab\u00eda acariciado aquel me\u00f1ique cientos de veces mientras estaban tumbados en la cama, durante las tardes de domingo o en aquellas noches en las que ninguno de los dos ten\u00eda ganas de dormir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Observ\u00f3 a la desconocida durante casi veinte minutos, mientras la ve\u00eda sujetar la taza, apartarse el cabello de la frente y escribir varios mensajes en el tel\u00e9fono, cada movimiento confirmaba la impresi\u00f3n que hab\u00eda sentido al verla. Aquellas manos no se parec\u00edan, pero para \u00e9l eran sus manos, las mismas que recordaba entrelazadas con las suyas. Cuando la mujer termin\u00f3 el caf\u00e9, recogi\u00f3 su bolso y abandon\u00f3 el local, \u00e9l esper\u00f3 unos segundos antes de dejar unas monedas sobre la mesa y salir tras ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hac\u00eda casi dos a\u00f1os que hab\u00eda muerto, un amanecer de abril, despu\u00e9s de una noche interminable en la que la lluvia hab\u00eda golpeado sin descanso las ventanas del hospital. Durante mucho tiempo \u00e9l hab\u00eda odiado aquel mes. Antes significaba primavera, d\u00edas m\u00e1s largos y ventanas abiertas; desde entonces, abril solo le tra\u00eda el recuerdo de una habitaci\u00f3n gris, el sonido mon\u00f3tono de las m\u00e1quinas y una mano perdiendo lentamente el calor dentro de la suya.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante los primeros meses hab\u00eda hecho todo lo que se supon\u00eda que deb\u00eda hacer un hombre que pierde a la mujer con la que pensaba compartir el resto de su vida. Hab\u00eda llorado, hab\u00eda dejado de comer y hab\u00eda guardado su ropa en cajas que despu\u00e9s no tuvo valor para tirar. Durante semanas durmi\u00f3 abrazado a su almohada, buscando un olor que desaparec\u00eda un poco m\u00e1s cada noche. Sus amigos le dijeron que necesitaba tiempo, su hermana le habl\u00f3 de un psic\u00f3logo y su madre le pidi\u00f3 que intentara seguir adelante. Todos parec\u00edan convencidos de que el mundo continuaba, pero ninguno comprend\u00eda que para \u00e9l  no hab\u00eda marchado del todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al principio crey\u00f3 que eran imaginaciones provocadas por el duelo. Una ma\u00f1ana reconoci\u00f3 su forma de caminar en una muchacha que cruzaba un paso de peatones y, d\u00edas despu\u00e9s, escuch\u00f3 algo de su voz en una mujer que hablaba detr\u00e1s de \u00e9l en la cola de una panader\u00eda. M\u00e1s tarde fue una carcajada en un autob\u00fas, una determinada forma de despertar el rostro con una sonrisa o el gesto insignificante de una desconocida al apartarse el cabello. Poco a poco comenz\u00f3 a tener la inquietante sensaci\u00f3n de que Sara se hab\u00eda deshecho en peque\u00f1as partes que ahora viv\u00edan en los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante meses luch\u00f3 contra aquella idea. Cambiaba de acera, bajaba la mirada en el metro y evitaba observar demasiado a las personas, pero los fragmentos segu\u00edan apareciendo: una voz aqu\u00ed, un gesto all\u00e1, una forma de andar al otro lado de la calle. Hasta que dej\u00f3 de pensar que su cabeza intentaba enga\u00f1arlo y acept\u00f3 una posibilidad mucho m\u00e1s sencilla y, para \u00e9l, mucho m\u00e1s esperanzadora: quiz\u00e1 la muerte no se la hab\u00eda llevado, sino que \u00fanicamente la hab\u00eda roto y hab\u00eda repartido peque\u00f1os fragmentos de ella por el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si era as\u00ed, solo ten\u00eda que encontrarlos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella noche regres\u00f3 a casa poco antes de las tres. Entr\u00f3 por el garaje y cerr\u00f3 cuidadosamente la puerta, porque hac\u00eda tiempo que hab\u00eda aprendido que el silencio era importante. Los vecinos pod\u00edan perdonar una televisi\u00f3n demasiado alta, una discusi\u00f3n o alg\u00fan golpe ocasional, pero hab\u00eda ruidos mucho m\u00e1s dif\u00edciles de justificar. Esper\u00f3 unos minutos antes de arrastrar el pesado bulto hasta la puerta que conduc\u00eda al s\u00f3tano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquel lugar hab\u00eda sido el taller de su padre y todav\u00eda conservaba el viejo banco de madera, las estanter\u00edas y algunas herramientas oxidadas que nadie hab\u00eda utilizado desde su muerte. \u00c9l hab\u00eda a\u00f1adido otras cosas durante los \u00faltimos meses: una camilla de hospital comprada en una subasta, instrumentos quir\u00fargicos, varias l\u00e1mparas articuladas y una nevera industrial cuyo motor manten\u00eda un zumbido constante. Tambi\u00e9n hab\u00eda libros, decenas de vol\u00famenes de anatom\u00eda, cirug\u00eda y electricidad que ahora ocupaban las mismas estanter\u00edas donde su padre hab\u00eda guardado martillos y destornilladores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre la camilla, cubierta casi por completo por una s\u00e1bana, descansaba la mujer que alg\u00fan d\u00eda volver\u00eda a ser ella. Solo sobresal\u00eda un brazo p\u00e1lido, r\u00edgido y ligeramente m\u00e1s largo de lo que deber\u00eda. Nada era todav\u00eda perfecto; algunas partes no encajaban bien y hab\u00eda cicatrices imposibles de ocultar, pero \u00e9l hab\u00eda aprendido much\u00edsimo durante aquellos meses. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Destap\u00f3 el cuerpo y contempl\u00f3 su obra. Faltaban todav\u00eda demasiadas cosas, pero aquella noche hab\u00eda encontrado algo importante. Coloc\u00f3 sobre la mesa met\u00e1lica lo que hab\u00eda tra\u00eddo consigo y comenz\u00f3 a trabajar con la paciencia adquirida despu\u00e9s de meses de pr\u00e1ctica. Mientras lo hac\u00eda, comprendi\u00f3 que no se consideraba un creador, porque \u00e9l no estaba fabricando nada nuevo. Simplemente estaba intentando recomponer aquello que la muerte hab\u00eda descompuesto. Cada fragmento encontraba su lugar y, con cada nueva incorporaci\u00f3n, ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que la distancia que lo separaba se hac\u00eda un poco m\u00e1s peque\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando termin\u00f3, la luz del amanecer comenzaba a colarse por el peque\u00f1o ventanuco del s\u00f3tano y las nuevas manos descansaban sobre la camilla con una naturalidad que le produjo un escalofr\u00edo, eran casi perfectas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cabello result\u00f3 mucho m\u00e1s dif\u00edcil. Sara ten\u00eda un color extra\u00f1o, a medio camino entre el casta\u00f1o y el cobre, que cambiaba dependiendo de la luz. Durante meses observ\u00f3 a cientos de mujeres sin encontrarlo y lleg\u00f3 a pensar que aquella ser\u00eda una de las piezas imposibles de recuperar, una de esas peque\u00f1as cosas que tendr\u00eda que sacrificar para poder tenerla de nuevo. <br><br>Hasta que una tarde lo vio en el metro. La muchacha tendr\u00eda unos veinticinco a\u00f1os. Llevaba auriculares y le\u00eda un libro apoyada contra la puerta del vag\u00f3n. Cuando el tren sali\u00f3 del t\u00fanel y la claridad atraves\u00f3 las ventanas, su pelo adquiri\u00f3 exactamente aquel tono cobrizo que \u00e9l llevaba meses buscando. La sigui\u00f3 cuando baj\u00f3 del vag\u00f3n y, durante los d\u00edas siguientes, aprendi\u00f3 sus horarios, descubri\u00f3 d\u00f3nde trabajaba y averigu\u00f3 a qu\u00e9 hora regresaba sola a casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella noche, mientras cos\u00eda cuidadosamente el cuero cabelludo, tuvo la sensaci\u00f3n de que Sara estaba cada vez m\u00e1s cerca. Le habl\u00f3 del vecino del tercero, del fr\u00edo que empezaba a hacer por las noches y de aquel verano en que hab\u00edan alquilado una peque\u00f1a casa junto al mar. Le cont\u00f3 cosas insignificantes porque eran precisamente esas cosas las que m\u00e1s echaba de menos. No las grandes declaraciones ni las fotograf\u00edas de viajes, sino tener a alguien a quien contarle que se hab\u00eda estropeado la cafetera, que el panadero hab\u00eda vuelto a equivocarse con el cambio o que aquella ma\u00f1ana hab\u00eda escuchado en la radio una canci\u00f3n que a ella le habr\u00eda gustado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablarle resultaba mucho m\u00e1s natural que hablar con los vivos. Por eso, antes de abandonar el s\u00f3tano, acarici\u00f3 el cabello nuevo y le dese\u00f3 buenas noches como hab\u00eda hecho tantas veces en el pasado. Fue entonces cuando crey\u00f3 ver que la mano izquierda se mov\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Retrocedi\u00f3 asustado y permaneci\u00f3 inm\u00f3vil durante varios segundos, observando aquellos dedos que ya no volvieron a moverse. Intent\u00f3 convencerse de que hab\u00eda sido un espasmo, alguna contracci\u00f3n provocada por el fr\u00edo o por los productos que utilizaba para conservar los tejidos. Hab\u00eda le\u00eddo que un m\u00fasculo pod\u00eda reaccionar incluso despu\u00e9s de la muerte bajo determinadas circunstancias y aquella explicaci\u00f3n deber\u00eda haberlo tranquilizado, pero sucedi\u00f3 justo lo contrario. Esa noche, por primera vez desde que hab\u00eda comenzado su trabajo, se acost\u00f3 convencido de que estaba cerca de conseguirlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los ojos fueron los \u00faltimos, no porque fueran dif\u00edciles de encontrar, sino porque le daban miedo. Una mano pod\u00eda parecerse a otra mano y dos sonrisas pod\u00edan dibujar exactamente la misma curva, pero en los ojos hab\u00eda algo diferente, algo que no pod\u00eda explicarse mediante medidas, colores o proporciones. Durante meses evit\u00f3 buscarlos, quiz\u00e1 porque tem\u00eda descubrir que aquello que intentaba recuperar no pod\u00eda encontrarse en ning\u00fan cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sara ten\u00eda los ojos verdes y \u00e9l sol\u00eda bromear diciendo que no necesitaban l\u00e1mparas cuando ella estaba cerca. Hab\u00eda algo en su mirada que consegu\u00eda iluminar incluso sus peores d\u00edas. Despu\u00e9s de su muerte, aquella luz se hab\u00eda convertido en uno de sus recuerdos m\u00e1s dolorosos. Pod\u00eda cerrar los ojos e imaginar su rostro, pero nunca consegu\u00eda recordar exactamente aquel verde, hasta que encontr\u00f3 a Elena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elena viv\u00eda sola, trabajaba en una gestor\u00eda y todos los jueves cenaba con su madre. Los viernes sal\u00eda tarde del trabajo y aparcaba en un garaje subterr\u00e1neo donde varias c\u00e1maras llevaban meses averiadas. Aquello facilit\u00f3 las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando termin\u00f3, se qued\u00f3 observando los ojos sobre la bandeja met\u00e1lica. Eran verdes, con peque\u00f1as manchas grises alrededor de la pupila, exactamente como los recordaba. Sin embargo, por primera vez desde que hab\u00eda comenzado su trabajo sinti\u00f3 algo parecido a la verg\u00fcenza. Uno de aquellos ojos parec\u00eda seguir mir\u00e1ndolo desde la bandeja y tuvo que cubrirlo con un pa\u00f1o antes de continuar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella madrugada complet\u00f3 el rostro y, al terminar, retrocedi\u00f3 varios pasos mientras sent\u00eda que las piernas le temblaban. Las proporciones no coincid\u00edan del todo y las cicatrices recorr\u00edan la piel como caminos trazados sobre un mapa imposible. Sin embargo, cuanto m\u00e1s la contemplaba, m\u00e1s dif\u00edcil resultaba distinguir d\u00f3nde terminaban sus recuerdos y d\u00f3nde comenzaba aquella criatura. All\u00ed estaban la curva de los labios, los ojos verdes, el cabello cobrizo y las manos que tantas veces hab\u00edan recorrido su espalda. Todo lo que necesitaba era encontrar la manera de despertarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante meses hab\u00eda preparado aquella \u00faltima parte del experimento. Su padre le hab\u00eda ense\u00f1ado de ni\u00f1o que la energ\u00eda nunca desaparec\u00eda realmente, sino que viajaba, cambiaba y buscaba siempre un camino. \u00c9l hab\u00eda terminado convencido de que las personas funcionaban de manera parecida. Si algo de Sara continuaba disperso entre todos aquellos cuerpos, quiz\u00e1 solo necesitaba ofrecerle un lugar donde reunirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella noche comenz\u00f3 a llover y la coincidencia le produjo un escalofr\u00edo. Casi dos a\u00f1os despu\u00e9s, abril volv\u00eda a acercarse y otra noche gris cubr\u00eda la ciudad, pero esta vez no estaba sentado junto a una cama esperando que alguien muriera, esta vez pod\u00eda hacer exactamente lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Coloc\u00f3 los electrodos, comprob\u00f3 las conexiones y permaneci\u00f3 varios minutos junto a la camilla antes de atreverse a accionar el interruptor. Cuando finalmente lo hizo, el cuerpo se arque\u00f3 violentamente, las bombillas del s\u00f3tano parpadearon y durante unos instantes una extra\u00f1a claridad verdosa se reflej\u00f3 en los ojos abiertos de la criatura. Los brazos golpearon contra la camilla y las piernas se sacudieron con tanta fuerza que una de las correas estuvo a punto de romperse. Asustado por la violencia de las convulsiones, cort\u00f3 la corriente y esper\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante varios minutos no sucedi\u00f3 nada. Contempl\u00f3 aquel rostro reconstruido mientras la esperanza comenzaba a abandonarlo y pens\u00f3 en los dos a\u00f1os de b\u00fasqueda, en las calles recorridas, en todas aquellas personas observadas y en cada una de las peque\u00f1as partes que hab\u00eda reunido. Tal vez se hab\u00eda equivocado desde el principio tal vez la muerte no era un rompecabezas que pudiera resolverse por mucha paciencia que uno tuviera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se acerc\u00f3 a la camilla y acarici\u00f3 su mejilla y justo en ese momento los ojos se abrieron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La criatura respir\u00f3 de golpe, desesperadamente, como si llevara una eternidad ahog\u00e1ndose. Sus manos se crisparon contra la camilla y las piernas comenzaron a moverse bajo las correas. \u00c9l permaneci\u00f3 a su lado, incapaz de apartar la mirada de aquellos ojos verdes, y pronunci\u00f3 su nombre casi en un susurro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella lo mir\u00f3, pero en aquellos ojos no hab\u00eda amor ni reconocimiento, sino un miedo tan intenso que por un instante \u00e9l mismo sinti\u00f3 deseos de apartarse. La criatura comenz\u00f3 a forcejear. Una mano tiraba desesperadamente de la correa mientras la otra se aferraba a su propia mu\u00f1eca, como si intentara impedirle escapar. Una pierna golpeaba la camilla y la otra permanec\u00eda completamente r\u00edgida. El rostro cambiaba continuamente de expresi\u00f3n y de su garganta surg\u00edan sonidos diferentes, voces incompletas que parec\u00edan amontonarse unas sobre otras buscando una salida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tard\u00f3 unos segundos en comprender qu\u00e9 estaba sucediendo. Las manos de la mujer de la cafeter\u00eda recordaban el garaje, los ojos de Elena recordaban haberlo visto acercarse entre los coches y las piernas conservaban el recuerdo de otras huidas. La garganta luchaba por expulsar los \u00faltimos gritos de personas cuyos nombres \u00e9l ni siquiera se hab\u00eda molestado en conocer. Cada parte conservaba algo de quien hab\u00eda sido antes de terminar sobre aquella camilla y, en lugar de devolver a Sara a la vida, hab\u00eda construido un cuerpo lleno de recuerdos de muertos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Retrocedi\u00f3 hasta chocar contra la mesa de instrumentos. La criatura continu\u00f3 forcejeando durante unos instantes y despu\u00e9s, inexplicablemente, qued\u00f3 inm\u00f3vil, como si todas aquellas partes hubieran conseguido ponerse de acuerdo al mismo tiempo. Gir\u00f3 lentamente la cabeza hacia \u00e9l y sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella sonrisa s\u00ed era de Sara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se acerc\u00f3 llorando y comenz\u00f3 a soltar las correas, primero las de los brazos y despu\u00e9s las de las piernas. La criatura se incorpor\u00f3 con dificultad y permaneci\u00f3 sentada en la camilla, contempl\u00e1ndolo. Por primera vez desde que hab\u00eda abierto los ojos no parec\u00eda asustada y \u00e9l crey\u00f3 reconocer en su expresi\u00f3n algo que llevaba casi dos a\u00f1os esperando volver a ver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante todo ese tiempo hab\u00eda imaginado muchas veces aquel momento. Hab\u00eda echado de menos cientos de cosas, pero ninguna como sus abrazos, aquella manera de rodearlo con los brazos y acariciarle lentamente la espalda hasta que cualquier preocupaci\u00f3n parec\u00eda hacerse m\u00e1s peque\u00f1a. Por eso no sinti\u00f3 miedo cuando la criatura abri\u00f3 los brazos y se dej\u00f3 envolver por ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al principio fue exactamente como lo recordaba. Cerr\u00f3 los ojos y apoy\u00f3 el rostro contra su hombro, permiti\u00e9ndose creer durante unos segundos que no exist\u00edan el s\u00f3tano, las cicatrices ni los cuerpos que hab\u00eda utilizado para reconstruirla. Solo estaban Sara y \u00e9l, abrazados de nuevo despu\u00e9s de dos a\u00f1os separados por una distancia que hab\u00eda parecido imposible atravesar. Sin embargo, uno de aquellos brazos comenz\u00f3 a apretar con demasiada fuerza y, cuando abri\u00f3 los ojos, la criatura se separ\u00f3 lentamente y dej\u00f3 una mano apoyada sobre su pecho, justo encima del coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Permaneci\u00f3 as\u00ed unos segundos, como si escuchara sus latidos bajo la palma. Despu\u00e9s inclin\u00f3 ligeramente la cabeza y su expresi\u00f3n cambi\u00f3. Ya no parec\u00eda perdida ni asustada; parec\u00eda haber encontrado exactamente aquello que llevaba buscando desde que hab\u00eda abierto los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Falta uno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l no comprendi\u00f3 aquellas palabras hasta que los dedos comenzaron a cerrarse sobre su camisa y, entonces, el recuerdo del hospital regres\u00f3 con una claridad insoportable. Volvi\u00f3 a ver la habitaci\u00f3n blanca, las m\u00e1quinas, la lluvia golpeando los cristales aquella madrugada de abril y su respiraci\u00f3n cada vez m\u00e1s d\u00e9bil. Record\u00f3 su mano agarrada a la suya y aquella \u00faltima conversaci\u00f3n que llevaba casi dos a\u00f1os intentando borrar de su memoria. Sara le hab\u00eda preguntado qu\u00e9 har\u00eda cuando ella ya no estuviera y \u00e9l, destrozado, le hab\u00eda prometido que jam\u00e1s permitir\u00eda que desapareciera por completo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De una forma monstruosa, hab\u00eda cumplido aquella promesa. Hab\u00eda encontrado su voz en una desconocida, su forma de andar al otro lado de una calle, sus ojos verdes en Elena, sus manos en aquella mujer de la cafeter\u00eda y su cabello en una muchacha del metro. Hab\u00eda perseguido sonrisas, gestos y recuerdos, recorriendo la ciudad para recoger cada peque\u00f1o fragmento que el mundo parec\u00eda haber conservado de ella. Sin embargo, durante todo ese tiempo nunca hab\u00eda buscado su coraz\u00f3n, porque el coraz\u00f3n de Sara no estaba repartido por el mundo de la misma manera que el resto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo hab\u00eda llevado \u00e9l durante todo aquel tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La criatura apret\u00f3 la mano contra su pecho y las u\u00f1as atravesaron la camisa hasta que sinti\u00f3 el primer hilo caliente de sangre descendiendo por su piel. Podr\u00eda haber intentado escapar o gritar pidiendo ayuda, pero permaneci\u00f3 inm\u00f3vil mientras aquellos ojos verdes lo contemplaban con una ternura que llevaba dos a\u00f1os esperando volver a ver. En ese instante comprendi\u00f3 que quiz\u00e1 nunca hab\u00eda estado reconstruy\u00e9ndola, sino prepar\u00e1ndose para su regreso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00eda reunido su voz, su andar, su sonrisa, sus ojos, sus manos y cada peque\u00f1o recuerdo que todav\u00eda permanec\u00eda disperso entre los vivos. Hab\u00eda intentado recomponer todo cuanto la muerte hab\u00eda separado y solo le faltaba una \u00faltima pieza, aquella que \u00e9l hab\u00eda conservado desde el d\u00eda en que muri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras los dedos de la criatura se hund\u00edan un poco m\u00e1s en su pecho y aquella luz verde comenzaba a apagarse ante sus ojos, comprendi\u00f3 que tambi\u00e9n \u00e9l estaba hecho de peque\u00f1os pedazos de ella y que, despu\u00e9s de tanto tiempo busc\u00e1ndola por todas partes, hab\u00eda olvidado el \u00fanico lugar donde nunca se le ocurri\u00f3 mirar, dentro de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera vez que la vio fue en una cafeter\u00eda, un martes por la tarde. No habr\u00eda sabido decir qu\u00e9 le llam\u00f3 la atenci\u00f3n, porque la mujer no era especialmente hermosa y, desde luego, no se parec\u00edan en nada. Ten\u00eda el cabello demasiado corto, los ojos oscuros y una manera nerviosa de mirar el tel\u00e9fono [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-810","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-de-canciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/810","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=810"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/810\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":815,"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/810\/revisions\/815"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=810"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=810"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.miferro.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=810"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}