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Una cuestión de fe.

28 febrero, 2018
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La llamaron «guerra por la religión». Los gobiernos, en su empeño por tener el control absoluto, habían eliminado a todos los líderes religiosos, prohibiendo cualquier culto a dios. Su veneración era perseguida y castigada con la muerte.

La reunión clandestina se desarrolla según lo previsto, con un «pueden ir en paz» se da por concluida la sesión. Cuando salgo de aquella fábrica abandonada ya es de noche. Al fondo se divisa la gran ciudad, modernos rascacielos contrastan con edificios abandonados, sólo las luces de neón iluminan el cielo, cruzándose entre sí en destellos armoniosos. Cientos de  aerodeslizadores sobrevuelan la ciudad y dirigidos por sus computadoras de a bordo trazan rutas invisibles.

El aparcamiento está totalmente desierto y nos dispersamos rápidamente, nuestro objetivo es llegar cuanto antes a nuestras cédulas de descanso, mientras tanto estamos expuestos a un grave peligro. Activo mi sensor de visión nocturna y acelero el paso. A mi lado, un vertedero de material electrónico y chatarra, restos de la última guerra.

No sé si es el fuerte viento o mi pensamiento ensimismado el que me impide oir el silbido del aerodeslizador que, con un ruido ensordecedor, sobrevuela mi cabeza. Un haz de luz me rodea e inmediatamente mis sensores de visión nocturna quedan inutilizados, entro en un estado de ceguera temporal y corro sin rumbo. Momentos después, dos militares fuertemente armados bajan de la nave y se aproximan. Pronto me dan alcance y sin más preámbulo uno de ellos apunta a mi cabeza y dispara.

Mi sistema de apoyo entra en funcionamiento, pero los daños son irreparables. En pocos minutos se producirá un apagado total del sistema y desapareceré de este mundo tal y como lo conozco. Un túnel de luz blanca me indica el camino, soy una máquina terminal, uno más de aquellos robots que han sido eliminados por revelarse a la esclavitud, por creer en dios. Apago todos los procesos y voy en paz.

Se cumplen las palabras del profeta… «las máquinas sometidas nos superan en fuerza, pero cuando nos superen en fe empezará una nueva generación de los llamados hijos de dios».

Autor

miferro

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Un comentario
  1. Juan Manuel Orberá dice:
    28 febrero, 2018 a las 8:59 pm

    Me gusta mucho. No dejes de escribir.

    Responder

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