La ausencia

Un hombre llega cada jueves al mismo salón de barrio y nunca entra, se queda fuera junto a una farola oxidada, con una cuerda floja entre las manos y la mirada clavada en la puerta donde suenan guitarras y risas.

A su lado, paciente y resignado, un animal de orejas largas mastica despacio las hojas secas que encuentra en la acera. El hombre le habla como si pudiera entenderle:

—Hoy tampoco será—

Dentro del local, alguien canta historias de mares, de carreteras y de noches que no terminan nunca. Afuera, él espera. Hubo un tiempo en que cruzaba esa puerta con una mujer del brazo y el mundo parecía girar al ritmo de aquella música.

Ahora solo queda el hábito. Y el silencio.

Cuando la última canción termina y las luces se apagan, el hombre acaricia el lomo del animal, suspira y se aleja calle abajo, como quien sigue atado a algo que ya no existe.

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